Where the wild things are.

domingo, 23 de diciembre de 2012

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Es cerrar los ojos y aparece, haciendo de mi más puro deseo, algo real. No sólo real, posible. Quién me diría que la palabra posible cabría en mi vocabulario después de lo que he sufrido con el silencio.
No sé ni cómo escribirlo, deja de ser poesía para ser un grito desesperado, pidiéndole algo que ni conozco de mí misma. Un aspecto de mí que depende de sus palabras, que es suyo hasta que mi corazón decida que basta, que es suficiente, que no quiere volver a salir ardiendo cuando se refleje en tus ojos.

martes, 16 de octubre de 2012

Microcuentos of mine



•Estaba segura de haber escuchado algo, los ojos azules de el la miraban con complicidad. Tambien lo habia oido. Ninguno de los dos sabia que el amor hablaba por si solo.

•Ella leía poesía, él leía teatro.El movimiento del metro les hacia temblar al unísono. Eso y un beso era todo cuanto compartían

•El rojo miraba hacia otro lado con fingida indiferencia, pero el azul rompio a llorar. Asi que sucumbió y, antes de poder dudar, se habian perdonado.

•Tenia que quedarse dormido en tres minutos exactos, le basto imaginar que recorria su espalda para que la idea del "sin fin" le dejara agotado

martes, 19 de junio de 2012

Galletas Chinas

Los mensajes en las galletas, que un dia fueron profecias chinas, escritos milenarios, o simplemente una frase escrita a maquina por alguna joven de algun lugar que pone en practica su propia desdicha, esperando que alguien como ella -o incluso ella misma- abra ese mensaje con una esperanza ficticia en una profecia que sabe que nunca se cumplira, pero que mantendra ocupado su pensamiento el tiempo suficiente como para olvidar lo que de verdad esperaba encontrar en esa galleta: un soplo de aire.
Ese mismo soplo de aire que le ayudaría a pensar en las cosas de otra manera, en hipótesis, ¿y si...? Y si ¿qué? Rias o llores delante de esa galleta, soñar con el "y si" solo tiene una salida, abrir los ojos y comenzar a andar en busca de aquello que podria pasar y que sin duda pasará.

domingo, 3 de junio de 2012

La Biblioteca


Mis ojos se concentran, mi mente fantasea incontrolable. El ficticio silencio cae sobre mí, como una toalla empapada en susurros ajenos. Mis pies comienzan a retorcerse, inquietos. Entonces levanto la vista. Casi puedo ver las ideas revolotear a mi alrededor, y ya no hay vuelta atrás; Los chicos que se ríen tras sus libros, jóvenes rebeldes… atraen todas las indiferentes miradas que se cruzan sin ningún sentido.
Ahora me fijo en ese señor mayor ¿acaso no se parece a Sócrates? Él siempre en el mismo sitio, con los mismos libros enormes. Y de vez en cuando sorprende a todos a su alrededor sentándose en el ordenador y demostrando su destreza con la informática. Que hombre tan extraño, hasta en el sofocante verano de Sevilla lleva más de dos chaquetas.
¿Qué más hay? Ah sí, ese hombre tan extremadamente normal, al menos aparentemente… Demasiado mayor para estudiar ¿qué hace allí entonces? Está escuchando música con unos auriculares mientras su mente esta inmersa en la pantalla de su ordenador.
No puedo creer que la neutralidad esté abandonando su rostro, parece un milagro que sus ojos se hayan apartado de la pantalla. Ahora está mirando hacia arriba, luego hacia un lado, me atrevería a decir que está distraído. Sonríe con cierta nostalgia, debe ser debido a la canción que está escuchando. ¿Será una canción que bailó en su boda? ¿La primera canción que se aprendió de algún arista concreto? Quién sabe… la curiosidad me invade viéndole sonreír de aquella manera.
Un roce en el brazo me distrae, es la chica que está sentada junto a mi. Está estudiando medicina y cirugía, vaya… a saber qué pensará de mi viéndome estudiar a Bécquer. Tan solo soy una cría en medio de tanta gente mayor rodeada de libros.
Al fin y al cabo en una biblioteca hay más variedad que en cualquier otra parte y eso me gusta. 

sábado, 31 de marzo de 2012

Semana santa, bullas.

Nunca te planteas el reto que puede suponer meterte en una bulla de semana santa, aún habiéndolo vivido cada año entras sin pensar.
Tus amigas quieren entrar en la iglesia a ver cómo suben el cristo al paso, bien, vayamos todas puede ser bonito.
Una vez dentro, cuando intentas avanzar en esa masa de gente, comienzas a darte cuenta de que es bastante probable que estés cometiendo un error irreversible. Llegas a un lugar fijo, no es que te guste, es que no tienes opción de hacer un movimiento más, ya no hay salida.
Pero es genial, no ves nada en absoluto de lo que has ido a ver, es más, ni siquiera te va eso de ver pasos pero allí empiezas a experimentar sensaciones tan absurdas como divertidas.
La primera, gente que intenta pasar por encima del resto a base de empujones e indirectas de “que mala educación hay que tener”. Te ríes y les ignoras o saldrás perjudicado en medio del forcejeo con los codos.
Después los olores, ay no, que mal huele ese señor de ahí ¡es demasiado! Uf, intentemos olernos el pelo la una a la otra.
La bulla evoluciona poco a poco, casi parece que estas un paso más a la izquierda que hace media hora. Cada vez que hay un movimiento pones en práctica tu inventario de caras y expresiones tomadas de Barrio Sésamo o al estilo “un inglés en el metro”. Y te ríes de nuevo, una gracia en una bulla se eleva al cubo mientras el volumen de tu risa se ve oprimido por la vergüenza.
Casi no puedes pensar, ¿no hace demasiado calor? Mejor quitarse la chaqueta, pero con cuidado para no golpear al de atrás... eh, un momento, ¡el tipo de atrás es guapo! Un merecido golpe de suerte, esta pegado a ti desde las rodillas hasta el pecho y hace movimientos extraños. Vuelves a reír ¿qué más queda? Estás deseando salir, todas estáis deseándolo, pero parece que no hay oportunidad ni de girarse para mirar la puerta. ¡Ah! Esa pareja va a salir, ahora o nunca, hay que ir detrás de ellos o tendremos que esperar mucho más rato.
Bien, conseguido, estás fuera. Ya mañana te meterás en otra.